DESPERTAR DE UN COMA POR HIPOGLUCEMIA

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DESPERTAR DE UN COMA POR HIPOGLUCEMIA

Despertar de un coma por hipoglucemia es una de las peores sensaciones que he tenido en la vida.

La habitación de mi casa está llena de gente vestida de amarillo y naranja. No sé cuántos son porque no soy capaz de contarlos pero muchos. Los identificó rápidamente, son profesionales del SEM, el sistema de emergencias médicas de Catalunya y están todos dentro de mi casa.

¿¿¿Y mi marido???? ¿¿¿Dónde está???? ¿¿¿Por qué no está????? ¿¿¿Es mi casa de verdad????? Lo parece, pero él dónde está???? ¿¿¿Estoy viva???? ¿¿¿Estoy soñando????? ¿¿¿Me he muerto???? Todo esto pasa en segundos por dentro de mi cabeza, a la vez que me intentó mover y no puedo, intentó hablar y no puedo. Solo puedo parpadear y buscar desesperadamente la presencia de mi marido, la voz que necesito oír para calmarme.

Preguntas, interrogantes, ¿Qué me ha pasado?
Preguntas, interrogantes, ¿Qué me ha pasado?

Hay una chica de las vestida de amarillo sentada a mi lado en la cama (estoy tumbada, ahora me doy cuenta!!!!!), me dice que tranquila, que ya ha pasado, que estoy bien y estaré bien. Me da la mano mientras me pongo a llorar desconsoladamente. Entonces aparece mi marido, recuerdo poco de esos primeros momentos, muy poco pero tengo grabado en la mente que llevaba una camiseta azul, azul chillón, que brillaba en medio de tanto amarillo y naranja.

No puedo parar de llorar, solo tengo flashes de esos primeros minutos, y me acuerdo de llorar, solo llorar. Intentó hablar otra vez y no puedo, no me salen las palabras, es como si se me hubiera olvidado hablar!! Y en ese momento, la chica que estaba a mi lado me dice que tardaré un rato a recuperar todas las funciones corporales porque he tenido un coma por hipoglucemia. Veo que llevo una vía y que estoy sudando, aun siendo un 31 de diciembre. Fin de año. El último día de año.

Y de repente, mi brazo y mi pierna derecha se mueven solos, coletazos, como si estuviera dando patadas o pegando puñetazos pero de manera totalmente involuntaria, sin control, sin que ni yo ni mi cerebro les estuviéramos diciendo a mis extremidades que se movieran de esa manera. ¿¿¿Qué me pasa??? ¿¿¿Por qué no controlo mi cuerpo??? ¿¿¿No voy a volver a andar???? ¿¿¿No podré mover mis manos y mis brazos?????

“No puedo parar de llorar, solo tengo flashes de esos primeros minutos, y me acuerdo de llorar, solo llorar.”

Y aquí, a partir de ese momento empiezo a tener más recuerdos. Son 6 las personas de amarillo y naranja que están en mi habitación, es nuestra habitación, es nuestra casa, no me he muerto. No sé qué hora es, no sé qué día es, no sé lo que ha pasado, no sé cuánto rato esa gente lleva en mi casa, pero estoy viva. Estoy viva. No me he muerto y estoy viva. Empiezo a notar esa angustia y esa presión en el pecho, como si me faltara el aire, como si no pudiera respirar porque me estoy dando cuenta de lo que ha pasado. Empiezo a buscar recuerdos en mi mente y solo veo luces, destellos y oscuridad. He tenido un coma como consecuencia de una hipoglucemia y no recuerdo nada.

Pregunto qué hora es, pero solo con la palabra hora? Son las 6:13 de la mañana. Después pregunto trabajo? Mi marido responde que no, que no tengo que ir al trabajo, que me relaje y me concentré en recuperarme que ahora lo demás no importa. Me vuelve a faltar el aire porque no recuerdo nada, nada de nada, no recuerdo mi control de madrugada, no recuerdo casi nada ni de la noche anterior. Nada. Un vacío de horas y allí estoy, viva, rodeada de extraños que no sé cómo han llegado a mi casa, pero viva. Me quedo con eso, viva.

“En el momento en que toda la glucosa que me pusieron en vena empezó a hacer efecto, volví a ser la de siempre.”

10 minutos después de estos instantes iniciales interminables es como si casi nada hubiera pasado. En el momento en que toda la glucosa que me pusieron en vena empezó a hacer efecto, volví a ser la de siempre. Desaparecieron las patadas involuntarias, volvió el habla, mi brazo volvía a ser mío, me pude poner de pie, era capaz de pensar… Me dolía la cabeza de forma tremenda y tenía frío, me costaba aún ser tan ágil como de costumbre, pero dominaba la situación, yo dominaba la situación!!!

Dicen que hay que irse al hospital para asegurarnos que todo está bien. Solo una vez antes me había subido a una ambulancia como paciente, y fue después de un accidente de coche. Entre estar medio desubicada por lo sucedido y todos los recuerdos que me vinieron a la mente, volví a desplomarme y volví a llorar al verme tumbada en esa camilla de la ambulancia. Desconsoladamente otra vez y está vez ya plenamente consciente de lo sucedido. Coma por hipoglucemia. Pregunté mi valor de glucosa. 23 cuando llegó el personal de emergencia, pero no respondía a ningún estímulo externo, aunque mi marido me había puesto ya un glucagon. 6 minutos exactos tardó el personal de emergencias en llegar a mi casa desde la llamada de mi marido.

Y en ese momento la angustia que había sentido unos minutos antes se transformó en pánico, miedo aterrador, temor extremo, algo que nunca antes había experimentado por culpa de mi enfermedad. Sentí el miedo de la diabetes en primera persona como nunca antes lo había sentido. Miedo que me duró unos cuantos días, imágenes que se repitieron durante muchos días más antes de acostarme pensando en si al día siguiente me volvería a levantar, si me despertaría… Tengo muy bien aprendida la lección teórica que no hay que dejar que los miedos nos invadan, que no hay que pensar lo que podía haber pasado porque lo que importa es lo que pasó, pero después, y haciendo uso de lo que dice el refranero popular, del dicho al hecho hay mucho trecho. De la teoría a la práctica hay una gran distancia. Saber que algo así te puede pasar es una cosa, asusta mucho pero allí está, como algo hipotético que podría pasar y que a muchas personas con diabetes nunca les va a pasar; que te haya pasado lo cambia todo. Ese miedo teórico se convierte en miedo real, esta angustia imaginaria de pensarlo la has vivido en primera persona al ver que tu cuerpo no reacciona, ese temor de no poder reaccionar por ti mismo, lo acabas de sentir y vivir.

no tengas pánico

Nunca olvidare la mirada de mi marido, esa primera mirada entre aliviada y aterradora, de qué ha pasado??? ¿¿¿Qué te ha pasado??? Yo todas las noches me despertaba de madrugada a hacer control, ese día no me desperté porque ya no debía estar bien, pero empecé a quejarme, a hacer sonidos de protesta, que lo despertaron a él y al intentar moverme se dio cuenta que no respondía, pero lo avisé, de alguna manera lo alerté. En hipo solemos tener pesadillas, supongo que eran pesadillas y protesté por ellas. Me hice notar y le di las señales de alerta suficientes y necesarias para que él se diera cuenta de que algo no iba como tenía que ir y pudiera actuar. Nunca podré agradecerle estos momentos (y muchos más). Y cuando otra vez tu cerebro vuelve a funcionar con normalidad, sientes una mezcla de agradecimiento y culpabilidad muy extraño, una sensación agridulce que duele, duele mucho. Te ha salvado, te acaba de salvar pero por ello le has hecho sufrir, mucho además. La parte física duele, pero gestionar la parte emocional de un suceso así es algo muy muy muy muy complejo, algo que dura días, algo que hay que saber digerir y sobrellevar.

“He aprendido a vivir con el riesgo, sabía y sé que esto puede pasar, pero de saberlo a vivirlo hay un abismo.”

Ese 31 de diciembre de 2013 lo pasamos durante el día en las urgencias del hospital. Después de asegurarnos que todo estaba bien, nos fuimos a casa. El dolor de cabeza persistió unos cuantos días, el dolor en el corazón aún hoy cuando lo recuerdo sigue ahí. He aprendido a vivir con el riesgo, sabía y sé que esto puede pasar, pero de saberlo a vivirlo hay un abismo. Por desgracia, esa situación se volvió a repetir 6 meses después y por última vez, embarazada de 10 semanas de mi hijo (que ya os explicaré en otra ocasión). 3 comas por hipoglucemia, 3 momentos aterradores, 3 veces en las que he vuelto a nacer!

  1. Gracias Rosa, es verdad que tenemos ángeles de la guarda, en mi caso también mi marido, en una ocasión también me inyectó el glucagón y no sé como se dió cuenta ya que yo me eché una siesta y estaba durmiendo. Creo que somos muchos diabéticos reviviendo estas situaciones cada día, tu post nos recuerda que estamos vivos.

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